Blue Flower

Si a la mayoría de la gente le preguntan sobre los juegos más destacados del año 1992, muchas de las respuestas girarán en torno a Sonic 2, Cadillac and Dinosaurs, o el mítico Alone in the Dark. Sin embargo, para mí el año 1992 estuvo claramente marcado por un juego anclado en mi memoria: Secret Agent, un título para MS-DOS que con unos gráficos del montón y unos efectos de sonido realmente pésimos, consiguió mantenerme enganchado durante horas delante de la pantalla.

Portada del juego

El descubrimiento

Sin duda alguna, el estilo de juego a principios de los años 90 no tenía nada que ver con lo que vemos en la actualidad. La cultura del videojuego no estaba tan expandida como en nuestros días, y pocos eran los niños agraciados que poseían una consola en sus casas (el precio del dispositivo, como de los juegos era desmesurado entonces). No obstante, no siempre es necesario tener una consola para jugar, y el ordenador que utilizaba tu padre para sus tareas empresariales, servía perfectamente para pasar ratos inolvidables, si tenías los conocimientos necesarios para ello.

Aun recuerdo sin esfuerzo, el enorme estuche de disquetes que tenía en casa. Una aparatosa caja de plástico donde guardaba con orgullo todas las copias de los juegos que algunos compañeros de mi padre nos iban prestando, y donde guardaba lo que para aquel entonces era mi juego favorito: Secret Agent.

 

retro love

El juego desarrollado por la desarrolladora Apogee, tan solo era un simple y colorista juego de aventura y plataformas en scroll lateral, pero que contenía la chispa para que no dejaras de jugar hasta que uno de los saliera vencido, el ordenador o tú.

La misión más peligrosa de todas

Al arrancar la partida del juego, la historia nos ponía en la piel del agente secreto 006½. Un aguerrido espía con la misión de detener los malévolos planes destructivos del malvado de turno. Para acabar con la amenaza, nuestro héroe consigue alcanzar la base enemiga, ubicada en una isla totalmente fortificada. Una tarea titánica, que necesitará de toda nuestra destreza.

Uno de los primeros aspectos atractivos del título era su libertad de desarrollo. Para pasarnos el juego teníamos que derribar la fortaleza enemiga, sin embargo, para poder introducirnos en ella, era necesario que completáramos con éxito las anteriores 15 fortalezas. La gracia radicaba en que no había ningún patrón de juego, sino que podíamos ir por el mapa para escoger la fase de juego a nuestra elección, en una especie de mezcla de Mega Man y Final Fantasy.

Mapa

Una vez dentro de cada fase de juego, nuestro espía se encontraba con un laberinto lleno de peligros y amenazas más reconocibles de las antiguas películas de James Bond: piscinas llenas de tiburones, láseres mortíferos, esbirros armados o incluso robots de seguridad dispuestos a no dejarnos pasar. A partir de ese momento, teníamos que demostrar nuestra pericia con el teclado para realizar todo tipo de saltos y disparos precisos para avanzar por la zona.

Pero nuestro estilo de juego no podía dejarse influenciar por la acción más desesperada. Nuestra vida costaba de tres toques que podrían irse en un suspiro si caíamos en una mina en un mal salto y tener que repetir todo el escenario (olvidaros de los checkpoints). Y aunque tuviéramos una pistola a nuestro alcance, la munición destacaba por su escasez, lo que nos obligaba a pensarnos muy bien el momento de apretar el gatillo.

Cuando al fin nos hacíamos con el manejo del juego, es cuando empezaba la diversión. Atravesar todas las laberínticas fases enemigas diferentes, que compartían un mismo patrón. Encontrar y destruir el radar de cada base, acceder a los terminales enemigos mediante disquetes ocultos en el escenario y así poder desbloquear zonas inaccesibles de la zona, para conseguir el cartucho de dinamita que nos permitiera salir de la pantalla.

Pero para completar todo con éxito, nuestro agente tenía que conseguir hacerse con todos los artilugios especiales escondidos por la zona: como unas gafas para ver plataformas ocultas, unas zapatillas para ir a toda velocidad, o diversos objetos ocultos que nos permitían obtener la máxima puntuación posible.

Con todas estas características de juego, podíamos pasar toda la tarde sin despegarnos de la pantalla, intentando superar todas las fases de un tirón. Además, gracias a su libertad de elección, cada partida podía ser todo lo distinta que deseáramos.

Luces y sombras de los años 90

Lamentablemente, uno de los problemas más destacados a la hora de desempolvar viejas glorias, es que nuestros gustos se han adaptado a los estilos de nuestros días, y ver los chillones gráficos en EGA, junto al conjunto de sonidos digitales del altavoz de la CPU, pueda provocarnos algún que otro derrame cerebral. Pero en aquellos años, contenían todo el encanto para pasar momentos inolvidables.

Dead

 

Si con la lectura de este artículo te ha entrado el gusanillo por lo “old-school”, puedes descargártelo de manera gratuita y animarte a echar una partida al más puro estilo arcade.

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